El bloqueo del escritor
Estos días hay mucha gente que se va de vacaciones, y mucha, también, que vuelve de ellas. Es inevitable que en las conversaciones sobre esa vuelta salga el tema del estrés post-vacacional. Y a eso yo respondo como Scrooge: paparruchas.
El síndrome de estrés post-vacacional se define como los cuadros de ansiedad y depresión provocados por la vuelta al trabajo después de las vacaciones. Con un par. Es decir: después de diez o doce días sin madrugar, y sin hacer más esfuerzo que el breve trayecto entre el chiringuito y la toalla, el que vuelve a levantarse a las seis para ir al trabajo siente ansiedad y depresión por culpa de un síndrome. Olé la ciencia. Ya son ganas de etiquetar.
En otra ocasión hablaré de qué es el DSM-IV, cómo se creó y cómo se actualiza. Como avance, quédate con la idea de que en una de las últimas reuniones para su revisión se votó (sí, como suena) si las dificultades de relación entre madre e hija eran o no un trastorno mental. Pero dejaré este tema para otro artículo y para otro blog.
En los últimos años se ha ido produciendo un fenómeno curioso: el locus de control (la percepción de una persona de qué es lo que determina sus acciones) se ha ido desplazando desde el interior más profundo hasta el exterior más remoto. Hace veinte años, cualquiera tendría el mismo mal humor al volver de las vacaciones que se tiene ahora. La diferencia es que entonces se asumía la situación y se aceptaba como algo propio (locus de control interno), en lugar de descargar la responsabilidad del malestar en un trastorno que aparece descrito en un libro (locus de control externo). Lo que ocurre ahora me suena a la queja «no es pereza, ni tristeza porque se acabe lo bueno: es un síndrome, que lo han dicho en la tele y hasta sale en los libros».
Este mismo proceso se puede ver en infinidad de situaciones. Una de ellas es la que se presenta cuando un escritor tiene dificultades para hacer lo que le define: escribir. Jamás se ha oído hablar del bloqueo del albañil, ni del bloqueo del panadero. Debe ser que la del escritor es un alma libre que sufre lo que no sufren las demás.
Un escritor es alguien que escribe. Si no lo haces, a pesar de que hables sobre escritura, pienses sobre técnicas, o te pases las horas muertas en la Wikipedia «investigando» para la siguiente novela, no eres un escritor. Repito: un escritor es alguien que escribe. Según esta definición, el bloqueo del escritor es algo imposible, un concepto que se autosabotea.
Es más sencillo achacar las dificultades para escribir a un fenómeno externo en lugar de reconocer responsablemente que uno no tiene ganas de escribir, que tiene miedo a que el resultado sea pésimo, que prefiere no hacerlo porque ello le permite mantener intactas todas las posibilidades. Es algo así como ese delincuente común que reincide y que afirma muy serio (sobre todo cuando le pregunta un reportero de la tele) que él tan sólo es una víctima de la sociedad.
Quizá este desplazamiento del locus de control en tantos ámbitos y tan variados tenga algo que ver con nuestra progresiva infantilización. Si dudas de ella, no tienes más que prestar atención a los anuncios en televisión de, por ejemplo, las compañías de seguros para el coche, o de las operadoras de telefonía. Haz un estudio de andar por casa y saca luego tus propias conclusiones.
¿Las mías? Que cuando hablamos del bloqueo del escritor estamos descargando la responsabilidad de no escribir en algo externo, algo que no decidimos, algo que nos ocurre, pobres de nosotros, como quien coge una gripe. Y un mojón como un sombrero mejicano: no escribimos por cien motivos, pero todo ellos están dentro, no fuera. Aceptemos nuestra responsabilidad como escritores.
Esta reflexión me sirve para eliminar el margen de autoindulgencia habitual, dejarme de zarandajas, y escribir. Sobre todo porque este año aún no he tenido vacaciones y sigo sin creerme ciertos síndromes.
Y dicho todo esto, me pregunto: ¿por qué no estás escribiendo? ¿Estrés post-vacacional? ¿Bloqueo del escritor? ¿O acaso porque eres una víctima de esta sociedad represora?
jajaja…Ana sí está escribiendo…aunque no defina sus “ejercicios” con los mismos apelativos que tú. Ana juega con un personaje que se le ha colado en la cabeza y va dejando su oronda forma mientras le cuenta al oído cómo quiere tener los dientes, cuántos juguetes quiere guardar en su saco y a qué le tiene miedo. Ana no sabe de síndromes, porque cuando se siente mal, llora, del mismo modo que cuando está contenta ríe a carcajadas. Ana es muy simple y le gusta jugar a hacer bolas de plastilina y puzles de palabras. Besos, Maestro. Con sonrisa, aunque acabe de volver de vacaciones.
¿Pero cómo? ¿Recién vuelta de vacaciones y con una sonrisa? Va a ser que tienes el síndrome agazapado y aún no ha dado la cara.
Sé de buena tinta que sigues escribiendo, pero las temporadas, poco frecuentes, en que no lo haces, ¿qué excusa pones? Como me digas que el bloqueo del escritor, te baneo del blog, lo sepas :P
Pues va a ser que no. Como los niños: a veces tengo ganas de jugar, otras siento necesidad de eso y otras me conformo con sobrevivir y olvido todo lo demás. Simple.